Only a handful of songs are able to move me. They are rare and valuable. Today, a very close friend gave me as a present “21”, the last Amele’s musical work”. This song, someone like you, it’s just unbelievable. A really nice lyric with a fantastic clean music. Enjoy it.
lunes, febrero 27, 2012
martes, febrero 21, 2012
Joshua Bell

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.
Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.
Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.
Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.
El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.
En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.
Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.
Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.
Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?
Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:
Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?
Por: Josh Nonnenmocher
jueves, febrero 09, 2012
Una experiencia alucinante.
Ha pasado un mes de lo que les voy a relatar y aún me conmueve. A veces me sorprende lo terrible, o medio terrible según se mire, que puede resultar el mundo. Hace unos meses, a dos de mis mejores alumnas, una de ellas profesora en la Universidad de Mérida en Venezuela y que cursa su doctorado conmigo, se le ocurrió la idea de realizar un estudio de carácter sociojurídico acerca de la prostitución en Colombia. Creo recordar que, en su momento. escribí un post sobre ello en este blog. Han pasado unos cuantos meses y, junto a ellas, y entre el derecho de la propiedad intelectual y competencia, casi como forma de relax mental, hemos buscado el "estado teórico del arte", esto es, la bibliografía más importante sobre el tema.
Y ahora, nos tocó empezar con el "trabajo de campo". La experiencia no ha podido ser más increíble, a veces desagradable, pero hemos aprendido muchas cosas. La primera es que las trabajadoras sexuales son reacias a hablar del tema y que se necesita cierto don de gentes. No obstante, tras varios intentos en sus lugares de trabajo, fuimos capaces de entablar cierto contacto, que esperamos se prolongue en el tiempo, y nos pudieron contar sus experiencias.
Hablar con ellas es complicado, tomar notas, imposible. Si te ven haciéndolo, enseguida se levantan sospechas y las trabajadoras pueden generar desconfianza, tener problemas y que los propietarios de los locales no las dejen volver a trabajar. La calle, nos cuentan, es mucho peor que los locales. Debemos buscar las estrategias, en ocasiones muy desagradables, para poder hablar con ellas sin levantar sospechas y rellenar nuestros formularios que luego nos permitirán sacar conclusiones. Al ser el único hombre del grupo, me toca el grueso del trabajo.
La segunda cosa que aprendí es la figura del conteo. En estos sitios de trabajo, se cuenta a las trabajadoras que están y, periódicamente, se les llama para comprobar que están en el salón. Si están bebiendo con algún cliente, ganan dinero por lo que estos consuman. Y ellas deben beber si quieren ganar dinero lo que, evidentemente, agudiza el problema. La línea divisoria entre el control del negocio y la coerción es un tanto difusa aunque ellas aseguran sentirse libre.
La tercera cosa que he aprendido es que no todo el trabajo sexual es fruto de la necesidad. Una de las trabajadoras sexuales entrevistadas mantiene un trabajo estable que le da para vivir y la prostitución es una segunda fuente de ingresos.
Tratar con estas personas, ganarse su confianza, que te cuenten sus vida en sus lugares de trabajo, moverse en ese calles sin aparentar miedo y con aplomo, es una experiencia. Ojalá nuestro trabajo sirva para algo.
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