domingo, enero 24, 2010

Como quien pierde una estrella.



Cuando hace unos años Bebo Valdés, el genial y casi centenario pianista cubano, grabó con un cantaor español un disco de boleros, la verdad, no me sentí demasiado tentado de escucharlo. Craso error. Ese disco es "Lágrimas Negras" y es, sin dudarlo, una de las piezas musicales más bellas que se han grabado en un estudio. Uno de esos CD's imprescindibles en el MP3 de cualquiera. Ese cantaor se llama Diego Ramón Jiménez Salazar y todos lo conocen como "El Cigala". Jamás me gustó el flamenco, no es de esos movimientos musicales que me entusiasmen. Pero, ¿cómo no emocionarse escuchando a "El Cigala"? Esa voz rota pero profunda. Con un tono flamenco pero polivalente. "Lágrimas Negras" y "Dos Cruces", los dos CD's de boleros que el gitano Cigala y el viejo Bebo grabaron juntos, quedarán ya para la historia y el disfrute. La voz de "El Cigala", con su deje gitano y su punto flamenco, fusionaban bien con los boleros. Hoy lo ha vuelto a demostrar. Vean este dueto con Alejandro Fernández cantando "Como quien pierde una estrella" en el concierto celebrado en Madrid de la gira del cantante mexicano: "México-Madrid. Directo. Sin Escalas". Los dos, impresionantes. El gitano, soberbio. De este concierto, se grabó un CD/DVD -cuya carátula pueden ver en la foto- altamente recomendable. Lo estoy escuchando por tercera vez hoy. Belleza en vena.

lunes, enero 18, 2010

Pura actualidad.

Era muy pequeño para entender nada pero guardo esta canción en la memoria de mis recuerdos infantiles. Recuerdo ver esta actuación, en algún momento, en la televisión en blanco y negro que había en casa y que era la televisión de la mayoría de las casas en aquella España gris que ya dejaba de ser negra. Y en ese proceso andamos todavía, queriendo salir del gris. España no es Francia, ni el Reino Unido aunque muchos españoles que no han salido de su barrio así lo crean. Seguimos en un gris, cada vez más descolorido, por lo que no se debe perder la esperanza.
Esta canción habla de la libertad que se quería, de las dos Españas que hoy siguen existiendo. La oigo y me trae recuerdos infantiles. Ahora comprendo lo que dice y, oyendo desde la otra parte del mundo a algunos obispos y a algunos políticos, me parece más actual que nunca.

viernes, enero 15, 2010

Un beso de esos

Cada día se descubren cosas nuevas, nuevos valores, nuevos talentos. Hoy he escuchado la canción de un cantante español llamado Zenet. Esta canción -Un beso de esos- me ha entusiasmado. Escúchenlo. Vale la pena.

lunes, enero 11, 2010

Malditos taxistas


Si de alguien tengo un pésimo concepto, especialmente, en Madrid y Salamanca, esos son los taxistas. Atracadores de guante blanco, ladrones del asfalto, buitres de la necesidad. Ayer, a salida del hotel de Madrid ubicado en Pinar de Chamartín, un sitio muy próximo a la T4, vivimos un robo teóricamente legal en toda regla (digo teóricamente porque es casi imposible encontrar las tarifas vigentes de este servicio). Trece minutos en el taxi.....un total de 31,40 Euros. Lo más increíble es que el taxímetro marcaba sobre los 18 euros pero, a eso, había que sumarle el suplemente de 8,45 (practicamente un tercio del total del precio), más otros 4 euros por las maletas. Es decir, un taxi, en Madrid es un auténtico lujazo. ¿Qué trabajador medio gana 30 euros en 15 minutos? Simplemente no es proporcional ni razonable. Lo terrible es que nos fuimos en taxi porque no me quedó más remedio. Íbamos extraordinariamente cargados y mi rodilla, que aún está recuperándose, ya había sido forzada lo suficiente los días anteriores.

No obstante, la cuestión es que a estos "trabajadores" -que ni son trabajadores ni son nada- les parece que el servicio es "barato" y que, no saben la razón, pero no tienen demasiado trabajo. La razón es sencilla, señores míos, a la gente NO LE GUSTA QUE LE ROBEN. Sólo se toma un taxi en caso de muerte o extrema necesidad. Existe un blog memorable de los taxistas de Madrid (http://www.taxienmadrid.net/) en el que, examinando sus post, uno simplemente se queda alucinado. Simplemente, quedan retratados.

La cuestión es hasta cuándo seguiremos soportando a estos "trabajadores del taxi". ¿Hasta cuándo no se entrará a regular esa actividad de manera sensata? ¿Cómo estos hi*$%O pueden seguir vendiendo sus licencias -¡que son una autorización pública!- como si fueran bienes privados. Estos sicarios económicos son los mismos que están en contra de la llamada Ley del Ommibus, una ley que, además de transponer directivas comunitarias, tratará de regular esta cuestión quitando privilegios y un descarado e injusto oligopolio a estos indeseables. Para un presentación de este proyecto de ley pulsar aquí ¡País!

martes, enero 05, 2010

Del walkman al Ipod Classic.


Los que me conocen de siempre, desde el colegio, saben bien mi fascinación por los walkman. Desde que los descubrí con doce años -mi padre me compró un Toshiba con radio digital en el sur de Gran Canaria- jamás volví a desprenderme de ellos. Aquellos casetes portátiles me hicieron una compañía de un valor incalculable. Adonde iba, el walkman me acompañaban junto con diez o doce casetes con los LPs de la época (True Blue de Madonna, Veneno en la Piel de Radio Futura, Autobiografía de Duncan Dhu y tantos otros). Cuando salíamos de viaje, mis padres, que no decían nada, veían con un poco de extrañeza como, antes de salir, los seleccionaba y ordenaba en mi mochila. Todos no podía llevármelos.

Era tal el uso que, a pesar del cuidado, la media de vida de uno de aquellos reproductores jamás superaba el año y medio. Sólo uno, un Sony, pudo arreglarse sin que fuera más rentable comprar uno nuevo. Tras la muerte de cada unidad, y una insistencia poco frecuente, mi madre me complacía comprándome uno nuevo. Jamás sabrá lo feliz que me hacía cada compra, la minuciosidad con la que elegía cada modelo.

Más de veinte años después he vuelto a experimentar la misma sensación, la misma felicidad. Evidentemente, ya no utilizo el viejo walkman Sony -aunque se encuentre en perfectas condiciones- sino un modesto Mp3 de 2 GB que hace su oficio y que, como sus antecesores, me acompaña a donde voy. Mi madre, como cuando era niño, me ha regalado en estas navidades un "walkman actualizado": El nuevo IPOD Classic.

¡Qué cosa tan increible! Hay IPODs que sirven para muchas cosas: Desde el Ipod Photo, que en realidad es una especie de ordenador de bolsillo, hasta el famosísimo Iphone. Todos hacen mil cosas y, además, son reproductores de sonido con 8, 16, 32 ó 64 Gb de Memoria. El classic, salvo reproducir música con calidad excepcional, no hace prácticamente nada más. Ni falta que le hace porque, madre de dios, tiene 160 Gb de memoria. Es el ferrari de los reproductores de música. Pueden almacenarse más de 40.000 canciones en una calidad alta o, dicho de otra manera, unos 3400 CDs de música. Simplemente, alucinante. Es el sueño de cualquier niño hecho realidad. Ayer, cacharreando, he pasado la música que más suelo oír -mucha sigue siendo la que contenían aquellos casetes de antaño-, unos ochenta CD's de música en perfecta calidad digital. No llega ni al 1% de la capacidad de mi nuevo IPOD, mucha música por delante. Es la actualización de los casetes en la mochila. Ahora sí puedo llevármelos todos aunque a mis padres, con casi toda seguridad, les siga pareciendo extraño.