miércoles, enero 30, 2008

De vuelta de Sevilla.

La semana pasada -ayer como quien dice- hemos regresado de Sevilla. Aunque el viaje en autobús ha sido largo, casi ocho horas, la verdad es que no lo hemos pasado mal. Cada vez que voy a esa ciudad me gusta más. En esta época del año, Sevilla tiene todavía un clima agradable que permite disfrutar de la ciudad tanto de día como de noche.

Una vez más, el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla y la UNE -Asociación Nacional de Editoriales Universitarias- han tenido la amabilidad de invitarme a impartir un curso de propiedad intelectual. Lo hemos celebrado en el llamado "Pabellón de Méjico" puesto que allí se representaba a tal país en la Exposición Universal del 28. Ahora pertenece a la Universidad de Sevilla y es un cómodo y reformado edificio de oficinas y servicios universitarios. El curso ha sido intenso, unas siete horas diarias, pero creo que ha salido bastante bien. Editores de los servicios de publicaciones de toda España se dieron cita allí y juntos hicimos un recorrido introductorio por el derecho editorial. El curso no pasó desapercibido y tanto el ABC -en la foto- como El Mundo dieron noticia del encuentro.


Como siempre, Rafael Llamas, nuestro anfitrión en Sevilla, nos ha mimado hasta lo indecente. Verlo y conversar es una forma de placer que nos regala siempre que nos vemos y por la que debería cobrar este andaluz entrañable y maravilloso. El paseo nocturno por el barrio de Santa Cruz, por no hablar del "pescaíto" frito que cenamos, fue más que fabuloso. En fin, una estancia y una experiencia redonda.

miércoles, enero 16, 2008

No te vistas que no te vas

Vaya por delante que, por regla general, el reggeaton no es la música que más me gusta. De hecho, apenas unas pocas canciones de este género me han llamado la atención. Esta es una de esas raras excepciones: "No te vistas que no te vas". La oí por pura casualidad. Durante estas vacaciones de Navidad en Las Palmas, en la noche de fin de año, las intérpretes de esta canción actuaron en la Cadena Autonómica algo que parece ser que era el himno de Canarias. La actuación creo que no pudo haber sido peor. El presentador, un tal Pepe, hablaba del éxito que estas chicas habían tenido en Las Vegas lo que, simplemente, me dejó estupefacto. Busqué en Internet y, la verdad, de Las Vegas no encontré nada pero descubrí que habían grabado su disco en Puerto Rico y que, una de sus canciones -No te vistas que no te vas- era un éxito del reggeaton en Latinoamérica. Busqué el video de la canción y me gustó. Es una canción divertida y animada cuya interpretación, afortunadamente, nada tiene que ver con la que hicieron del himno de Canarias. A pesar de ser un reggeaton vale la pena escucharla y ver a estas dos chicas. Ah, por cierto, dos cosas: Son canarias y se llaman “K-Narias”. Si os aburre el video, buscadlo en YouTube y leed los cometarios. Diversión garantizada.

miércoles, enero 09, 2008

Desde la montaña de Arucas. En Gran Canaria.

Estuvimos en Arucas, desde el mirador de la montaña. Un vista estupenda, desde su bella y gótica iglesia hasta el mar. Norte de Gran Canaria en estado puro.

martes, enero 08, 2008

Noche de Reyes.

En ocasiones encontramos pequeñas realidades que me devuelven la fe en la humanidad. La noche de reyes, en Las Palmas, paseamos por la trasera de Triana, una de las principales calles comerciales de la ciudad ubicada en la zona antigua. A las tres de la madrugada la calle estaba a rebosar de transeúntes. Las tiendas abiertas y un inmenso mercadillo montado. Entre los vendedores, había un chico sentado en el suelo con dos pancarta. Sólo con latas de refrescos y una habilidad increíble, hacía ceniceros, candelabros y otras maravillas. Una vez confeccionadas, las colocaba encima de una caja para que el público pudiera llevárselas. La primera pancarta recogía unas citas bíblicas de las que se intuía los mil problemas por las que aquel artesano de nuestro tiempo había pasado. La segunda tan sólo decía: "El precio es voluntario". Durante quince minutos nos quedamos viendo como el chaval desarrollaba su arte, convirtiendo una lata en un cenicero a su antojo. Algún transeunte le dijo que si le podía hacer un cenicero más alto. Con destreza, tomó una lata de Coca Cola y le creó uno a su gusto. La gente cogía los ceniceros y los candelabros y le dejaba uno o dos euros. En los quince minutos que estuvimos viéndolo vendío unas diez de sus creaciones. Una señora que estaba a mi lado y que lo veía asombrada decidió comprar uno de los ceniceros. "Sólo por verlo se merece comprarle uno", me dijo con una mirada cómplice. Sólo sonreí aunque desde hacía ya rato que compartía su opinión. El cenicero que guardaba en mi bolso y que había comprado hacía unos minutos era prueba de ello.