viernes, diciembre 29, 2006

Estatuas humanas y juridificación.

Acabo de leer en La Vanguardia que el Ayuntamiento de Barcelona va regular la actividad de las llamadas estatuas humanas -esos actores/mimos perfectamente disfrazados que permanecen impávidos en las calles a la espera de una propina- en Las Ramblas de Barcelona.
Se establece una distancia mínima entre "estatuas" y se ordena que los disfraces posean un carácter original y artesanal. Esto me lleva a la reflexión de los extremos regulatorios a la que nos someten las autoridades públicas. A este paso, llegará un momento -si no ha llegado ya- en el que absolutamente todo estará regulado. Es cierto que las normas jurídicas deben crearse y que la auténtica libertad radica en el derecho, lo contrario, es el triunfo de la arbitrariedad. Pero no nos pasemos. La producción de normas debe estar originada, o al menos inspirada, en una necesidad social. El hecho de que sea algo que ocurre en la vía pública pues tampoco parece razonable. Por esa razón, los Ayuntamientos crearían ordenanzas sobre cómo ir vestidos o cómo comportarse en público. A este paso, nada me extrañaría. Todo sea por la creación normativa.

miércoles, diciembre 20, 2006

Viaje frustrado.

Navidades frustradas.

Ayer ha sido uno de esos días horribles, uno de los peores que recuerdo. En teoría, teníamos que viajar a Las Palmas. Cuando llegamos a la T4, la chica de Iberia me dice que no tenemos billetes, que no figuramos en el sistema. Le enseño los localizadores, los billetes.
–La máquina es tonta, sabe lo que usted le mete- Me dice la muy cretina.
-La máquina será tonta pero, desde luego, no me parece comparable con usted- le responde de muy mala leche.
Total, que hacemos la reclamación pero allí nos quedamos. Acabo de comprobar todos los billetes y todo parece en orden. Ahora, a reclamar judicialmente los importes. Algo, sencillamente, increíble.

viernes, diciembre 08, 2006

De nuevo en casa.




Como siempre, actualizo tarde el blog. Lo cierto es que no doy abasto. En fin, he llegado de Nicaragua hace más de una semana. Veinte horas hablando de comercio electrónico en la UAM (Universidad Americana) con un grupo muy bueno. A pesar de la paliza del viaje, la cosa ha ido bastante bien. La experiencia, como siempre, estupenda. He conocido otros lugares de Nicaragua, como la llamada Laguna de Apoyo. Un cráter inundado que forma una laguna de dos kilómetros de diámetro. Bañarme allí ha sido una de las experiencias más increíble que he vivido jamás. Muchas gracias a Alejandro y Marcela por llevarme allí.
El viaje de regreso, aunque largo, muy bien aunque tuve que correr mucho en Miami para no perder el avión de regreso. Faltando cincuenta minutos para despegar, todavía no había pasado el control de pasaportes y tenía a veinte personas delante. Afortunamente, se lo comenté a un guardía de frontera norteamericano que, inmediatamente, dió orden de que me pasaran rápido. ¡Eso te pasa en España y pierdes el vuelo seguro!
Y nada más llegar a Madrid, de vuelta a la realidad. Me subo en el bus que me lleva al metro y el chófer me dice que no tiene cambio de diez euros, que debo ir a cambiar. ¡En qué país vivimos! Lo normal es que, cuando alguien llega de fuera, no tenga cambio. Total, que debido a la broma, perdí el tren en Chamartín y tardé un par de horas más en llegar a Salamanca.
Lo de los transportes públicos en Madrid, a excepción del metro, es para morirse. Hay que elegir entre los taxistas, que van desde los simplemente bordes -la mejor subespecie- hasta los puros ladrones. Son muchos, no son simplemente una excepción. Después de ya unos cuantos años viviendo por estos lares, las historias de taxistas en Madrid son antológicas; las vividas y las ajenas. Algún día escribiré un post sobre ello. Y por otro lado, los chóferes del bus que, si bien son mucho mejores, tampoco es que sean el colmo de la amabilidad. En fin, así es la vida. En cualquier caso, ya estamos en casa.